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Segunda sesión con cuentos, curso 2011-12

Pensé que con la crisis iba a tener más tiempo, pero por suerte o por desgracia, voy con la lengua fuera como siempre.

Acá les comparto el cuento de la segunda sesión, para refrescarles la memoria ahora que se aproxima la tercera. El cuento de la India… sin final, para que ustedes puedan trabajarlo …

La princesa que quería casarse por amor.

Ilustración de la Chica Eriza (diciembre 2010, Extremacuentos. Hoyos de Cáceres)

Cuentan, que hace mucho, mucho tiempo vivió en un reino muy lejano una princesa que quería casarse por amor. Cuando sus padres, los reyes, se enteraron de aquel capricho pensaron que su hija no tardaría en darse cuenta de que eso solo puede ocurrir a los plebeyos, gentes que no tiene verdaderas preocupaciones ya que al carecer de propiedades pueden vivir sin preocuparse de lo material; y que entraría en razón y contraería matrimonio con alguno de los príncipes que acudían al palacio para pedir su manos.

Pero ella no atendía a razones. Cuando su padre le decía “deberías casarte con este príncipe cuyo reino es enemigo del nuestro y así traerías la paz a tus súbditos” ella responda, “¡pero eso me haría infeliz toda la vida!”

Cuando algún príncipe se atrevía ha llegar hasta el palacio, ella lo miraba a los ojos y le preguntaba “Pero, ¿tú me amas?” a lo que los pretendientes, no atreviéndose a mentir, le respondían “Estoy seguro de que llegaré a amarte”. Y ella rápidamente cortaba toda negociación pues aseguraba “no puedo dejar que una posibilidad marque mi vida. Si no llega a amarme siempre seré desgraciada”.

Y fue pasando el tiempo, y el rey y la reina se dieron por vencidos, y los habitantes de aquel reino pensaron que después de la princesa deberían cambiar de gobernante. Y la vida seguía su curso. Pero la noticia de que exista una princesa que quería casarse por amor llego hasta los rincones más renconditos del país y fue así como un joven pastor escucho hablar de ella y se dijo a si mismo “debo conocerla, quizás estamos hechos la una para el otro, ya que yo también quiero casarme por amor”.

Hacia mucho tiempo que su familia lo tenia por loco ya que le habían insistido en que se casara con alguna joven de la zona que tuviera prados colindantes o algunas ovejas de buen carácter y abundante lana; argumentándole que solo los ricos pueden darse el lujo de casarse por amor, ya que solo ellos que tiene dinero pueden vivir sin preocuparse de lo material.

De modo que el joven pastor dejo sus ovejas a cargo de padres y hermanos y se encamino hacia el palacio. El camino era largo y él tuvo mucho tiempo para pensar. Cuando llego al palacio, se presento ante los guardias y les comento sus intenciones. Al principio los guardias se burlaron de él diciendo “Como un triste pastor va a vivir con una princesa en un palacio de altos techos e imponentes columnas, no podrías dormir por la noche” a lo que el pastor respondió sin sonrojarse “los techos de este palacio nunca serán tan altos como el cielo que cubre mi cabeza, y sus columnas no serán tan perfectas como los arboles que me acogen bajo sus ramas, y en este palacio por más lamparas que enciendan, nunca podrán iluminar mi noche como la ilumina la luna y las infinitas estrellas del cielo”. Aquellas palabras convencieron a los guardias de que quizás el pastor fuera un digno pretendiente… les resulto tan incomprensible como cualquier poeta. Por eso llamaron al rey, que hizo pasar al joven pastor hasta la sala del trono y allí convoco también a la princesa.

Ella, al verlo no titubeo, se acerco hasta él y mirándolo a los ojos le pregunto “Pero, ¿tú me amas?” a lo que el respondió… “si tu eres la mujer que valora el amor por encima de todo, yo te amo. Y para demostrártelo voy a pasar una luna completa bajo tu ventana. Durante ese tiempo no comeré, ni beberé nada más que agua y así podrás ver cuan grande es mi amor”.

La princesa estuvo de acuerdo y los guardias acompañaron al pastor hasta el lugar idóneo, en la calle, bajo la ventana de la princesa. Él extendió su manta de viaje en el suelo, dejo junto a si la escudilla del agua y se sentó sin decir palabra.

Al principio la gente no le hacia mucho caso. Un loco que había hecho una promesa exagerada. Pero al ver que iban pasando los días y sumando semanas comenzaron a tomarlo más en serio. Cuando ya llevaba dos semanas viviendo bajo la ventana de la princesa, algunas ancianas, vestidas de negro para pasar desapercibidas en la oscuridad de la noche, se acercaron hasta él para llevarle un plato de sopa o un zumo de frutas … “Come algo muchacho o no podrás resistir” le susurraban al oído; el joven pastor les sonreía y dándoles las gracias rechazaba sus regalos “He dado mi palabra” respondía.

Cada día, la princesa al levantarse se asomaba a la ventana para mirar a su pretendiente. Lo saludaba, le sonreía y continuaba con su vida.

Y el tiempo fue pasando implacable, y llego el día en que se cumplió el plazo. Aquella mañana la princesa se levanto muy contenta. Pidió un baño de agua perfumada con jazmín, pidió que le lavaran el pelo y la peinara con sumo cuidado. Pido su vestido azul, pero luego cambio de idea y se puso el blanco, aunque luego cambio de idea y se puso el morado… se miro en el espejo y volvió a ponerse el azul. Tampoco este le gusto, decidió ponerse el amarillo, y así se le fue el día. Ya solo quedaba una hora para que bajara a reunirse con el joven que la amaba, cuando…

La gente se había congregado alrededor del joven pastor, bajo la ventana de la princesa. Estaba allí toda la ciudad, no faltaba nadie. Todos tenían curiosidad por ver la cara de su nuevo príncipe. Sin embargo, cuando apenas faltaban unos minutos, el joven pastor, debil como estaba después de 28 días sin comer, se levanto del suelo, tomo su manta, su cuenco para el agua, y se encamino hacia las puertas de la ciudad.

— ¡Pero no te rindas ahora!, le gritaba la gente.
— ¡Estas a punto de ser rey!, intentaban convencerle otros.

Pero el continuaba su camino …

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Trabajando con cuentos. Parte 3

Y vamos con el tercer relato. Una leyenda europea arraigada en nuestras más antiguas tradiciones, pero que a mi siempre me ha suscitado un sin fin de interrogantes sobre la convivencia, los limites y la aceptación.

He aquí la historia del Hada Melusina, una de las historias que más me gusta contar, aunque yo la cuento inspirada en la versión de Manuel Mujica Láinez, que ustedes pueden lee si lo desean en su novela “El unicornio”

Melusina es un hada muy vieja nacida en un pasado muy remoto, como todas las hadas vive junto a aguas cristalinas, pues ellas son las guardianas de los manantiales, fuentes y arroyos.

Y vamos con la historia de Melusina … en una versión muy libre que es la que yo cuento (Carmen Ibarlucea)

El Hada Presina había encantado a Elinas, rey de Escocia, para casarse con él, no sin antes hacerle prometer que nunca iría a visitarla mientras dormía. Pero Elinas, incumplió su promesa descubriendo la verdadera naturaleza de su esposa, y Presina tuvo que huir de Escocia y refugiarse con sus tres hijas Melusina, Mélior y Palestina en la isla perdida de Ávalon.

Cuando las niñas crecieron usaron sus poderes de hada para encerrar a su padre en la montaña mágica de Northumberland, por lo que su madre las acusó de ser unas hijas sin corazón, y como castigo realizo un sortilegio a la mayor, Melusina:

Tú Melusina que eres la más mayor, la más sabia y la culpable, por este encantamiento te convertirás en serpiente de agua todos los sábados de cintura para abajo. El hombre que se despose contigo no debe descubrir tu secreto, pues si lo descubre quedaras para siempre en esa horrible forma.

Y Melusina comenzó así una vida que la obligaba a ocultarse a los ojos de la gente por miedo a ser descubierta en su forma del sábado. Se traslado a vivir en las agua de Font de Sé y fue allí donde conocio a Raimondín, un día en que él había salido de caza y se perdio en la espesura del bosque. Cuando él se agacho en las agua de la fuente, ella pudo ver la belleza de su rostro, y la inocencia de su mirada.

Melusina se le apareció en todo su esplendor danzando en medio de otras hadas, y él deslumbrado por su belleza no dudo en desposarla, pese a que ella le hizo prometer que nunca, bajo ninguna circunstancia, querría verla en sábado. A cambio ella le ofreció su fortuna y una numerosa y larga descendencia.

El hada Melusina construyo mágicamente castillos y fortalezas, algunos aún los podéis visitar (Tiffauge, Talmont, Partenay, Saint-Paul-en-Gâtine), también erigió las torres de la guardia en La Rochelle y la ciudad de Lusignan.dando así gloria y fama a su esposo.

Pero todo aquello avivar la envidia de los enemigos de su esposo, que era como ya se ha dicho un hombre hermoso de sencilla inteligencia, por lo que fue fácil para los otros ir sembrando la duda en su confianza, sugiriéndole que su esposa se había reservado el sábado para poder engañarlo con otros hombres sin tener que preocuparse por ser descubierta. Y fue por eso, que pese a la felicidad de los otros seis días de la semana, un sábado, empujado por los celos Raimondin rompió su promesa, y haciendo con su espada un agujero en la sólida puerta del dormitorio de su esposa, la encontró sumergida en una gran cuba de mármol, meciendo en el agua su cola de serpiente, mientras se peinándose los cabellos dorados.

Dicen que el hada Melusina lanzo un grito de horror, y salio volando por la ventana, desnuda como estaba… y así se la representa desde entonces, dando tres vueltas a la torre del castillo antes de desaparecer para siempre.

Datos históricos: La familia Lusignan reinó durante mucho tiempo en el Poitou. La familia explotó el mito haciendo de Melusina la fundadora de su línea genealógica. La recuperación de las hadas por parte de las familias aristocráticas era algo habitual en los siglos XI y XII. En el País de Poitou estas criaturas —habitualmente nocturnas, llamadas luciérnagas, damas blancas o hadas— se aparecían en distintos lugares a diferentes personas.

Trabajando con cuentos. Parte 2

Y vamos con el segundo cuento, el cuento extremeño, el nuestro… el que nace de nuestras tradiciones y vivencias… ¿o no? (pueden consultar el catalogo Aarne-Thompson para saber más del origen de los cuentos)

Este cuento lleva nueve años formando parte de mi repertorio. Yo lo he titulado  “Belinda” pues quien me lo contó, una abuelita de Puebla de la Calzada, nombraba así a la protagonista. A ella se lo contaba su abuela siendo niña y le aseguraba que se lo había contando su abuela, por lo que podemos deducir que al menos desde hace entre 100 y 150 años se cuenta en las Vegas Bajas. Cuando en una sesión de cuentos me piden que cuente un cuento extremeño yo les doy a elegir entre “Blancaflor.La hija del demonio”, “La morisca en la fuente” o “Belinda”.

Y ahora, el cuento… recuerden que este curso trabajamos sobre como “convivir en la diferencia”.

 
Belinda, en versión de Carmen Ibarlucea

Cuentan que hace mucho, mucho tiempo vivió un hombre, panadero por más señas, que quedo viudo muy joven, teniendo una niña muy pequeña a la que habían bautizado como Belinda. El hombre, angustiado ante la idea de que a su hija pudiera pasarle algo malo decidió que nunca, nunca la dejaría salir a la calle.

Y la niña creció dentro de los muros de la casa de su padre, siempre acompañada por él. Con él jugaba, con él leía, con él aprendía a coser, a cantar y todo lo que hiciera falta. Ella recorría la casa y conocía cada rincón, salvo uno. Había en la casa una puerta que siempre permanecía cerrada. Aquella puerta inquietaba a Belinda, sobre todo por que cuando le preguntaba a su padre que había en aquella habitación, él respondía “No debes preocuparte por eso”.

Según iba creciendo, más se interesaba Belinda por aquella puerta cerrada, y aprovechaba siempre que se quedaba sola para buscar la llave… hasta que un día, siendo ya una linda joven, la encontró.

Su padre la guardaba en el fondo de un viejo arcón, protegiéndola con toda clase de objetos inservibles y mantas viejas.

La siguiente vez que Belinda se quedo sola, corrió en busca de la llave para abrir la puerta misteriosa. Al principio le costo un poco, pues hacia tantos años que la cerradura no se usaba, que la llave no quería girar pero finalmente la puerta se abrió y para el asombro de Belinda no había allí ninguna habitación. La puerta daba acceso a una pasadizo oscuro, humedo y lleno de telarañas. No obstante, Belinda no se lo pensó dos veces y entro. El pasadizo iba bajando, bajando, bajando hasta llegar a una segunda puerta por la que se colaba la luz del sol. Cuando Belinda llego hasta ella descubrió con alegría que estaba abierta y que daba acceso a un hermosisimo jardín donde había flores, fuentes y arboles frutales. La joven se pregunto mentalmente “¿por qué mi padre habrá mantenido este jardín en secreto? Aquí seguro que no puede pasarme nada malo”.

La muchacha no podía contener su alegría y corría de un lado para otro de aquel hermoso jardín, jugando entre las flores y deleitándose con el aroma de los arboles… hasta que un ciruelo llamo su atención. Era un árbol precioso y de sus ramas colgaban unas ciruelas maduras de aspecto delicioso. Alargando su mano probo una… “ummm, deliciosa”… y luego otra más, y otra, y otra… hasta que no quedo ninguna en el árbol.

Entonces Belinda se dio cuenta de que el sol comenzaba a bajar en el horizonte y que debía volver a casa antes de que su padre regresara. Emprendió el camino de vuelta, recorrió el oscuro pasadizo, cerro la puerta, giro la llave. Volvió a guardar la llave en el baúl, justo en el rincón donde la había encontrado, y limpandose el vestido, la cara y las manos, se sentó a leer disimulando su nerviosismo.

Cuando llego su padre se sentaron a cenar, y mientras cenaban, escucharon pasos, como si una multitud se acercara por la calle. El padre de Belinda se asomo a la ventana, pero para su sorpresa la calle estaba vacía. Antes de que el buen hombre pudiera sentarse a la mesa de nuevo, llamaron a la puerta… “toc, toc, toc”… él fue abrir, pero en la puerta no había nadie. “Toc, toc, toc” volvió a sonar… y el panadero quedo paralizado… estaban llamando a la puerta clausurada. El hombre corrió a buscar la llave … abrió la puerta y contemplo con asombro una columna de soldados que aprovechando su sorpresa se abalanzaron sobre él, diciendo “Queda detenido por orden del Rey”… y sin más se lo llevaron.

Belinda corría detrás de ellos y los siguió atravesando el jardín donde había jugado aquella tarde, después entraron por una puerta del muro y atravesaron un patio e innumerables salas hasta llegar a la sala del trono, donde el rey los estaba esperando.

El rey, al ver entrar al panadero le dijo:
– ¡no te da vergüenza haberme robado el postre!

A lo que el hombre respondió.
-Majestad, yo nunca he robado nada. No se de que me habláis.
– De las ciruelas maduras que estaban en mi jardín. Las guardaba para comerlas esta noche en la cena, y cuando mis ciados han ido a buscarlas no quedaba ninguna. Solo tu puedes entrar al jardín de modo que solo tu puedes haberlas robado.

Y entonces Belinda comprendió lo que había pasado, y comenzó a sollozar y a suplicar por su padre… confesando la verdad.

El rey se quedo embobado escuchando a Belinda pues la encontraba muy hermosa. Y le propuso un trato.

– Hermosa joven, hace tiempo que busco esposa y no logro encontrar a una joven de mi agrado. Pero vos tenéis un rostro angelical y una voz dulce, de modo que si te casas conmigo, no encarcelare a nadie este noche.
-Pero señor, exclamo Belinda, si no nos conocemos, ¿como puedo casarme con vos?
– Si no te casas conmigo, tu padre y tu iréis a la cárcel… ¡por ladrones!

Ante aquella amenaza a Belinda no le quedo más remedio que aceptar… y comenzaron los preparativos de la boda. Pero ella desconfiaba de un hombre tan colérico y tan caprichoso, de modo que le pidió a su padre que le preparara una muñeca de mazapán, de tamaño natural, a la que pudiera vestir con sus ropas.

Llegada la noche de bodas, al retirarse a dormir, Belinda se retiro a su nueva habitación antes que su esposo; y acostó a la muñeca en la cama, untándole la cara con miel. Y ella corrió a esconderse en el armario. Tal como imaginaba, al poco tiempo se abrió la puerta y apareció el rey.

El rey, creyendo que hablaba con Belinda, comenzó a decir en voz alta..
– elinda, Belinda, eres muy hermosa, pero no quiero malos entendidos entre nosotros. Y para que sepas lo que te sucederá si me desobedeces a mi, como has desobedecido a tu padre …

Y el rey levanto su mano y la dejo caer en el rostro de la muñeca, quedándose pegado por la miel.

En aquel momento Belinda salio del armario y exclamo,
– Solo te digo rey, que si no me tratas tan bien como me merezco, perderás a tu esposa.

Y entonces el rey, muy arrepentido, pidió perdón a su amada. Dicen que él cumplió su promesa y que vivieron felices para siempre 

 

Trabajando con cuentos. Parte 1

Este año el programa “La llegada del otro al imaginario de la infancia y de la adolescencia” tiene un lema … “Convivir en la diferencia”. Pensando sobre ello, y en como poder animar la reflexión se me ocurrió trabajar en base a dos cuentos… uno extremeño y el otro de Turquía. Para facilitar el trabajo en el aula a los colegio que participan en el programa los voy a compartir públicamente, y así los profesores podrán recurrir a ellos cuando lo deseen.

Comencemos por el cuento de Turquia.

La muchacha traviesa

en la versión de Carmen Ibarlucea

Cuenta que hace mucho, mucho tiempo un comerciante y su esposa salieron juntos en peregrinación a La Meca. Pero ellos tenían una única hija a la que dejaron en casa, al cuidado de una joven esclava.

Una noche, muy tarde, la hija del comerciante y la muchacha estaban cantando, riendo y bailando en su habitación, cuando por accidente se les cayo la lámpara de aceite al suelo y la estancia quedo a oscuras.

– ¿Qué podemos hacer?, se pregunto en voz alta la la hija del comerciante. “Es demasiado tarde para despertar a los criados. Pero tengo miedo a la oscuridad.
– No te preocupes, respondio prontamente la muchacha, voy a salir y encontrare una luz.
– Pero, ¿cómo lo harás si estamos encerradas en esta habitación?, preguntó la hija del comerciante.
– Eso no es problema, la ventana está abierta. Saldré con mi canasta y conseguiré aceite para la lampara.

Y anudando las sábanas de las camas entre sí, la muchacha se dejo caer hasta la calle.

La muchacha camino en la oscuridad de la noche, buscando algún comercio que aún estuviera abierto, hasta que encontró un restaurante del que salían los últimos clientes. Asomo su cabeza y vio que en la cocina, un joven apuesto estaba limpiando y ordenando. Sobre el mesón de la cocina había platos repletos de pinchos, Dolma, pilaf, y baklava.

– ¿Puedo pasar?, pregunto la muchacha con su voz más amable.

El joven, que era dueño del restaurante, la miro con dulzura y la invito a pasar. Ella comenzó a conversar animadamente, mientras el joven se iba acercando cada vez un poco más, entonces ella le pregunto por dos grandes vasijas de barro, tan altas como un hombre, que tenia en un rincón.

– Una tiene aceite de oliva, explico el joven, y la otra tiene miel.
– ¿Miel? ¿Qué es eso? pregunto la muchacha como si nunca antes hubiera escuchado esa palabra.
– ¿No conoces la miel? Debes probarla, exclamo el joven… y se encamino hacia la vasija con una cuchara, dispuesto a sacar un poco de miel. Cuando llego al borde de la vasija, la muchacha se acercó por detrás y levantandole los pies, lo hizo caer de cabeza en la vasija. Luego se apresuró a llenar su canasta con los platos de comida, cogió una lámpara de aceite, y salió corriendo.

El joven logro salir de la vasija con mucho esfuerzo, y goteando miel gritaba… “¡Oh, como pille a esa muchacha!, !Si alguna vez la capturo, me voy a beber su sangre!”

A la noche siguiente, la muchacha no podía dejar de pensar en el dueño del restaurante. Y cuando oscureció, y la hija del comerciante quiso bailar de nuevo, ella aprovecho para derribar la lámpara por segunda vez.

– Voy a tener que salir de nuevo. Y anudando las sábanas bajó con su cesta hasta la calle. Cuando llegó al restaurante, se encontró de nuevo el joven solo.

– ¿Cómo te atreves a volver!, le grito indignado, ¿Sabes lo que voy a hacer ahora?
– ¿besarme? le preguntó ella.
– Bien, bien… dijo el joven, con una sonrisa. ¡Qué buena idea! y le tendió sus brazos.
– Todavía no, dijo ella. Primero me gustaría comer y beber alguno de tus deliciosos platos.

El joven estuvo de acuerdo y se sentaron a la mesa, ella le iba sirviendo vino mientras charlaba animadamente, hasta que a él le dio tanto sueño que su cabeza se doblo sobre su pecho y se quedo dormido.

La muchacha busco una soga en la cocina y lo ato a la silla. Entonces tomo algunos platos de comida y una lámpara y salió corriendo.

al joven, lo encontraron sus clientes por la mañana y lo liberaron.
-¡Oh, esa chica!, lo escucharon decir, ¡Si alguna vez la encuentro, voy a beberme su sangre!

Y se quedo pensando en como dar con ella. Aquella misma tarde el joven se disfrazó de vendedor de flores, con ropas harapientas y una larga barba blanca. Recorrió las calles de la ciudad pregonando su mercancía.
– ¡Hermosas rosas! ¡rosas baratisimas!

Y al pasar por delante de la casa del mercader, vio a la muchacha asomada a la ventana del piso superior.

“¡Ya te tengo!” exclamo para si mismo.

Lo que no imaginaba es que ella, al verlo, lo reconoció inmediatamente. La joven le dijo a la hija del comerciante, “mira, ese es el dueño un pequeño restaurante. Me pregunto qué se trae entre manos. La hija del comerciante le dijo “vamos a llamarlo”. Y diciendo esto se asomo a la ventana y le dijo al joven “Nos gustaría comprar algunas rosas”
El muchacho le pido que se asomara a a puerta, pero la chiquilla le dijo que estaban encerradas, y le pidió que subiera por la ventana.
Ataron las sábanas y las lanzaron a la calle, el joven comenzó a subir, pero cuando le faltaba solo un metro, la muchacha soltó el último nudo y el joven cayo al suelo mientras las rosas volaban por todas partes.

La gente que pasaba por la calle se reunió para ayudarle, y mientras se ponía dolorosamente en pie… al tiempo que exclamaba “¡Oh, esa chica! ¡Si alguna vez la encuentro, voy a beberme su sangre!

Al poco tiempo, el comerciante y su esposa regresaron de su peregrinación. Para agradecer a su esclava la dedicación que había mostrado hacia su hija, quisieron hacerle un regalo.

Ella les pidió “Me gustaría tener una muñeca tan alta como yo, que se pareciera a mi y que usara ropas como las mías. Y me gustaría que fuera de mazapán, aunque quiero que pueda decir si con la cabeza, y que tenga un hueco en el pecho, para guardar tesoros.” Aquel pedido no era un problema para el comerciante, que le entrego una hermosa muñeca unos días más tarde.

Al cabo de unos días, el comerciante recibió una carta de un desconocido que le ofrecía una alta cantidad de dinero por su joven esclava. Al principio el comerciante quiso rechazar la oferta, pero su esposa le dijo que les vendría bien el dinero después del largo viaje. El comerciante quiso hablar con ella antes de tomar una decisión, y la joven, sonriendo, le dijo “No debe preocuparse. Yo estaré bien”.

A la mañana siguiente, llegó un carruaje para recoger a la muchacha y llevarla a su nuevo hogar. Al llegar la dejo sola en una habitación con sus pertenencias.

Ella acostó a su muñeca, relleno el hueco de su pecho con miel y se escondió en un armario a esperar. Tal como imaginaba, al poco tiempo se abrió la puerta y apareció el joven del restaurante. Traía una daga en su mano y sin pensarlo dos veces, se fue hacia ella diciendo: “¡Eres una niña malvada!”
Tomándola por los hombro, le preguntó: “¿Te acuerdas de cómo me empujaste a la vasija de la miel?” Y la muñeca sacudio su cabeza diciendo que sí. “Y ¿te acuerdas de cómo ataste a la silla?… y la muñeca meneo la cabeza diciendo que sí. “Y ¿te acuerdas de cómo me hiciste caer a la calle desde la ventana?” Y la muñeca meneo la cabeza diciendo… Sí, sí.

– Muy bien, admites tu culpa. Prepárate a morir.

Y levantando el puñal lo hundió en el pecho de la muñeca, y en ese momento la miel salpico sus labios.

“Pero, ¿qué es esto? ¡Su sangre es tan dulce como la miel!” y pensó en voz alta… “si su sangre es tan dulce, ¡cuánto más dulce debía ser ella! ¿Qué he hecho? He matado a la mujer más dulce del mundo!… Oh, si pudiera devolverle la vida la liberaría y me casaría con ella… Pero es demasiado tarde. Todo lo que puedo hacer es terminar con mi vida!” Y levantó el puñal para hundirlo en su propio pecho.

Fue entonces cuando una mano pequeña detuvo la suya en el aire, y una voz conocida le dijo “¡No seas tonto, estoy aquí!”
El joven, loco de felicidad, estrecho a su amada en sus brazos. Cumplió todas sus promesas y vivieron felices para siempre.