Una mano tomó la otra

una mano tomó la otra
le dijo que no se escondiera
le dijo que no se angustiara
le dijo que no se asustara

una mano tomó la otra
puso un anillo en su dedo
puso un beso en la palma
y un puñado de amor

las dos manos se juntaron
lograron una fuerza
capaz de derribar los muros
y de abrir caminos.

Clarisse Nicoidsky, poeta judeo-sefardí

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