Trabajando con cuentos. Parte 2

Y vamos con el segundo cuento, el cuento extremeño, el nuestro… el que nace de nuestras tradiciones y vivencias… ¿o no? (pueden consultar el catalogo Aarne-Thompson para saber más del origen de los cuentos)

Este cuento lleva nueve años formando parte de mi repertorio. Yo lo he titulado  “Belinda” pues quien me lo contó, una abuelita de Puebla de la Calzada, nombraba así a la protagonista. A ella se lo contaba su abuela siendo niña y le aseguraba que se lo había contando su abuela, por lo que podemos deducir que al menos desde hace entre 100 y 150 años se cuenta en las Vegas Bajas. Cuando en una sesión de cuentos me piden que cuente un cuento extremeño yo les doy a elegir entre “Blancaflor.La hija del demonio”, “La morisca en la fuente” o “Belinda”.

Y ahora, el cuento… recuerden que este curso trabajamos sobre como “convivir en la diferencia”.

 
Belinda, en versión de Carmen Ibarlucea

Cuentan que hace mucho, mucho tiempo vivió un hombre, panadero por más señas, que quedo viudo muy joven, teniendo una niña muy pequeña a la que habían bautizado como Belinda. El hombre, angustiado ante la idea de que a su hija pudiera pasarle algo malo decidió que nunca, nunca la dejaría salir a la calle.

Y la niña creció dentro de los muros de la casa de su padre, siempre acompañada por él. Con él jugaba, con él leía, con él aprendía a coser, a cantar y todo lo que hiciera falta. Ella recorría la casa y conocía cada rincón, salvo uno. Había en la casa una puerta que siempre permanecía cerrada. Aquella puerta inquietaba a Belinda, sobre todo por que cuando le preguntaba a su padre que había en aquella habitación, él respondía “No debes preocuparte por eso”.

Según iba creciendo, más se interesaba Belinda por aquella puerta cerrada, y aprovechaba siempre que se quedaba sola para buscar la llave… hasta que un día, siendo ya una linda joven, la encontró.

Su padre la guardaba en el fondo de un viejo arcón, protegiéndola con toda clase de objetos inservibles y mantas viejas.

La siguiente vez que Belinda se quedo sola, corrió en busca de la llave para abrir la puerta misteriosa. Al principio le costo un poco, pues hacia tantos años que la cerradura no se usaba, que la llave no quería girar pero finalmente la puerta se abrió y para el asombro de Belinda no había allí ninguna habitación. La puerta daba acceso a una pasadizo oscuro, humedo y lleno de telarañas. No obstante, Belinda no se lo pensó dos veces y entro. El pasadizo iba bajando, bajando, bajando hasta llegar a una segunda puerta por la que se colaba la luz del sol. Cuando Belinda llego hasta ella descubrió con alegría que estaba abierta y que daba acceso a un hermosisimo jardín donde había flores, fuentes y arboles frutales. La joven se pregunto mentalmente “¿por qué mi padre habrá mantenido este jardín en secreto? Aquí seguro que no puede pasarme nada malo”.

La muchacha no podía contener su alegría y corría de un lado para otro de aquel hermoso jardín, jugando entre las flores y deleitándose con el aroma de los arboles… hasta que un ciruelo llamo su atención. Era un árbol precioso y de sus ramas colgaban unas ciruelas maduras de aspecto delicioso. Alargando su mano probo una… “ummm, deliciosa”… y luego otra más, y otra, y otra… hasta que no quedo ninguna en el árbol.

Entonces Belinda se dio cuenta de que el sol comenzaba a bajar en el horizonte y que debía volver a casa antes de que su padre regresara. Emprendió el camino de vuelta, recorrió el oscuro pasadizo, cerro la puerta, giro la llave. Volvió a guardar la llave en el baúl, justo en el rincón donde la había encontrado, y limpandose el vestido, la cara y las manos, se sentó a leer disimulando su nerviosismo.

Cuando llego su padre se sentaron a cenar, y mientras cenaban, escucharon pasos, como si una multitud se acercara por la calle. El padre de Belinda se asomo a la ventana, pero para su sorpresa la calle estaba vacía. Antes de que el buen hombre pudiera sentarse a la mesa de nuevo, llamaron a la puerta… “toc, toc, toc”… él fue abrir, pero en la puerta no había nadie. “Toc, toc, toc” volvió a sonar… y el panadero quedo paralizado… estaban llamando a la puerta clausurada. El hombre corrió a buscar la llave … abrió la puerta y contemplo con asombro una columna de soldados que aprovechando su sorpresa se abalanzaron sobre él, diciendo “Queda detenido por orden del Rey”… y sin más se lo llevaron.

Belinda corría detrás de ellos y los siguió atravesando el jardín donde había jugado aquella tarde, después entraron por una puerta del muro y atravesaron un patio e innumerables salas hasta llegar a la sala del trono, donde el rey los estaba esperando.

El rey, al ver entrar al panadero le dijo:
– ¡no te da vergüenza haberme robado el postre!

A lo que el hombre respondió.
-Majestad, yo nunca he robado nada. No se de que me habláis.
– De las ciruelas maduras que estaban en mi jardín. Las guardaba para comerlas esta noche en la cena, y cuando mis ciados han ido a buscarlas no quedaba ninguna. Solo tu puedes entrar al jardín de modo que solo tu puedes haberlas robado.

Y entonces Belinda comprendió lo que había pasado, y comenzó a sollozar y a suplicar por su padre… confesando la verdad.

El rey se quedo embobado escuchando a Belinda pues la encontraba muy hermosa. Y le propuso un trato.

– Hermosa joven, hace tiempo que busco esposa y no logro encontrar a una joven de mi agrado. Pero vos tenéis un rostro angelical y una voz dulce, de modo que si te casas conmigo, no encarcelare a nadie este noche.
-Pero señor, exclamo Belinda, si no nos conocemos, ¿como puedo casarme con vos?
– Si no te casas conmigo, tu padre y tu iréis a la cárcel… ¡por ladrones!

Ante aquella amenaza a Belinda no le quedo más remedio que aceptar… y comenzaron los preparativos de la boda. Pero ella desconfiaba de un hombre tan colérico y tan caprichoso, de modo que le pidió a su padre que le preparara una muñeca de mazapán, de tamaño natural, a la que pudiera vestir con sus ropas.

Llegada la noche de bodas, al retirarse a dormir, Belinda se retiro a su nueva habitación antes que su esposo; y acostó a la muñeca en la cama, untándole la cara con miel. Y ella corrió a esconderse en el armario. Tal como imaginaba, al poco tiempo se abrió la puerta y apareció el rey.

El rey, creyendo que hablaba con Belinda, comenzó a decir en voz alta..
– elinda, Belinda, eres muy hermosa, pero no quiero malos entendidos entre nosotros. Y para que sepas lo que te sucederá si me desobedeces a mi, como has desobedecido a tu padre …

Y el rey levanto su mano y la dejo caer en el rostro de la muñeca, quedándose pegado por la miel.

En aquel momento Belinda salio del armario y exclamo,
– Solo te digo rey, que si no me tratas tan bien como me merezco, perderás a tu esposa.

Y entonces el rey, muy arrepentido, pidió perdón a su amada. Dicen que él cumplió su promesa y que vivieron felices para siempre 

 

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3 Respuestas a “Trabajando con cuentos. Parte 2

  1. Este si que me vale, da de lleno en un ttema candente en mi cole. Gracias por compartirlo.

  2. Esther, ¿te has leído “El psicoanálisis de los cuentos de hadas”? Yo no me hubiera atrevido a contar los cuentos en su versión original si Bettelheim (el autor) no asegurara que los cuentos hablan al subconsciente en lugar de la parte racional de nuestra mente. Y que la violencia es simbólica y nos habla del dolor moral que sentimos ante las dificultades de la vida.

  3. Pingback: Belinda, ahora en vídeo. | La llegada del otro

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